Lo que parecía una buena idea para lucha contra la Covid-19 no está dando por ahora los resultados apetecidos. A falta de obtener datos más concluyentes, la transfusión a pacientes graves de plasma sanguíneo procedente de enfermos que se han recuperado de la infección está tropezando con dificultades. «En muchos pacientes que han pasado la enfermedad o han dado positivo, no se detectan bien los anticuerpos contra el coronavirus, con lo que no se puede utilizar ese plasma», asegura el presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, Ramón García Sanz.

Este tratamiento experimental es en realidad muy antiguo. De hecho ya se utilizó en 1918 para tratar de contener el virus de la gripe española. Entonces se mostró eficaz y logró reducir a la mitad la letalidad del agente infeccioso.

LA CLAVE:

Riesgos.

«Una infusión de plasma podría provocar efectos inflamatorios. Hay que acreditar que es segura»

En el siglo siguiente, demostró su valía durante el brote de síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en Hong Kong en 2003. Años después, en 2014, también suscitó efectos esperanzadores durante el brote de ébola de 2014.

«Seguimos sin saber si el plasma de pacientes que han sufrido el coronavirus es útil para otros», señala García Sanz, quien sostiene que la estrategia comporta riesgos. «Sabemos que el virus produce una respuesta inflamatoria que muchas veces lleva a la muerte. Eventualmente, una infusión de plasma podría provocar este fenómeno. Por eso hay que demostrarlo muy bien y acreditar que el tratamiento es seguro y eficaz».

El hematólogo del Hospital Universitario de Salamanca sostiene que a veces «las hipótesis no se cumplen». «Puede que la terapia fracase porque los donantes a los que se ha recurrido solo superaron un coronavirus demasiado leve».

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Según el experto, los enfermos oncohematológicos, especialmente los que han recibido un trasplante de médula ósea, se están infectando poco del SARS-CoV-2,

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